Recuerdo cuando era chico que cuando acompañaba a mi madre al mercado me sentía apenado por la forma insistente y sistemática en que regateaba los precios. Lo mismo se repetía todo el tiempo.  En vacaciones,  llegaban los vendedores de playa y se iniciaba el argumento: “No marchante,  está muy caro”,  “Parece que no tiene ganas de vender hoy”, “Bájele, bájele”,  “Ahhh, ya me vio cara de turista” y un sin número de comentarios algunos fuertes y provocativos, algunos llenos de simpatía… siempre terminaba la negociación comprando lo que quería a un precio bastante menor del que obtenían muchas otras personas y con el vendedor contento de haber logrado una “difícil venta”… todos quedaban felices.

Mi madre era una excelente negociadora,  el ahorro acumulado que obtuvo durante sus 59 años de discutir precios debe haber sido muy significativo.  Esto me motiva a tratar de analizar lo que hacia para escribir estas líneas en beneficio de los lectores.

Siento que lo primero que hay que hacer es olvidar cualquier sentimiento de pena que tengamos en relación al regateo. En casi cualquier situación de compra es posible, en algunos casos es casi obligatorio ya que el mismo vendedor lo espera.  Solo hay que seguir algunas reglas.

Hay que hacer la tarea,  se tiene que tener una muy buena idea del valor real del bien o servicio que estamos regateando.

Siempre hay que negociar con la persona que tiene el poder de decisión.

Siempre hay que ser amable.

No se debe menospreciar el artículo o servicio que estamos negociando.

El ofrecer pago en efectivo es siempre buena táctica.

Hay que ser amable pero firme al ofrecer un precio.

No dudar en dar cierre a la negociación e irse al siguiente puesto.

El regatear no solamente es pedir que le reduzcan a uno el precio, un buen ejemplo es pedir que nos den un ascenso a primera clase cuando estamos checando el equipaje en el aeropuerto, o que nos den un cuarto de mejor categoría en el hotel. Lo peor que puede pasar es que nos digan que no es posible.

Cuando la fecha de caducidad en algún perecedero esté cercana en ocasiones es posible obtener un descuento. Lo mismo aplica a artículos como baterías o película fotográfica.

Si el empaque del artículo está en mal estado o bien el artículo muestra algún daño es una buena justificación para pedir un descuento.

Si uno está comprando una cantidad importante también justifica el solicitar el “precio de mayoreo”

Siempre se puede regatear con nuestros proveedores de servicios, lavacoches, plomeros, jardineros, inclusive doctores. Si uno les indica con veracidad el precio que nos han ofrecido sus competidores, es sorprendente cuantos estarán dispuestos a ofrecer un precio más “competitivo”.

Por último no se olviden solicitar el mexicanismo “pilón”

Recuerden que el regatear o pedir un descuento nunca ha empobrecido a nadie.
Ricardo G. Mayer