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LINUX CHIHUAHUA

Cuando empecé a interesarme por Linux como alternativa de trabajo desde mi PC, era (eso creía) un usuario experimentado en informática. Sin tener una formación específica ortodoxa, una mezcla de intuición e inconsciencia me guiaban a través de los problemas que me iba encontrando con la generación y administración de documentos, realización de prácticas de todo tipo con el alumnado (desde la consabida realización del primer trabajo en procesador de textos, a la programación de tarjetas controladoras desde los primeros Windows 3.0), webquests, etc...

Intuición porque la llegada de los en- tornos gráficos de escritorio a principios de los 90 daban más facilidad para orientar al usuario sobre qué estaba pasando en cada momento. Inconsciencia porque, en el fondo (era joven y aventurero), me importaba un pito qué pasaría a continuación. Si sucedía lo que yo esperaba, genial. Si había algún error, con suerte, habría guardado el archivo correspondiente.

Si no había suerte, todo se había perdido, y tocaba empezar de cero. Y normalmente no me importaba. Era genial. Pensar que una máquina como mi ordenador (un Pentium a ¡100! MHz), normalmente, exigiría como medida extrema un simple formateo y reinstalación del software, y sólo como último recurso, era hipnóticamente atrayente para un legendario "manazas" como el que suscribe, que sólo pulsando un interruptor podía averiar el sistema eléctrico y dejar sin suministro a la casa de sus padres (y les puedo asegurar que no miento). Pero ya estoy divagando, y sólo estamos en la intro- ducción. El caso es que cuando me empecé a interesar por Linux, hará ya unos cinco o seis años, me encontré con miríadas de información.

Ése es uno de sus principales atractivos, al tiempo que, en ocasiones, un obstáculo: la libertad para difundir, compartir y modificar la información. Sumémosle el hecho de que la mayoría de la información está generada por expertos, y orientada al consumo por parte de expertos. En mi caso particular, superé ese primer problema mezclando a partes iguales dos de los más enternecedores aspectos de mi personalidad: cabezonería e ilusión.


Hoy en día, sin atreverme a considerarme un "gurú", ni mucho menos (ya puedo oír las carcajadas de fondo de algunos lectores que ya han visto nuestro trabajo en anteriores números), sí po dríamos decir que sabemos, al menos, por donde empezar en este mundillo, así como ayudar a introducirse en él a compañeros pro fesores y maestros, así como a alumnos, que nunca hayan tomado contacto con el software libre. A lo largo de este artículo, que sólo pretende ser un primer paso en un viaje tan adictivo como largo, trataremos de orientar al profesor medio sobre el uso de Linux, así como el modo en que creemos que debería presentarse a un alumnado estándar entre los doce y los dieciocho años, que nor malmente tiene ya nociones básicas e incluso medias sobre el uso de una Computadora.

Hablaremos de lo que es un sistema operativo, la organización de archivos en Linux, el concepto de multiusuario, los escritoriosGnome y Kde, el sistema de instalación de nuevo software y repositorios, e incluso haremos una breve mención al sistema deconsola BASH.

EL SISTEMA OPERATIVO LINUX

Empecemos por el principio. ¿Qué es un sistema operativo? ¿Lo tenemos claro? ¿Estamos transmitiendo a los alumnos este concepto de forma correcta?

En un principio, un sistema operativo es software. Es el primer programa que se carga en el ordenador, y su misión es actuar como hardware que compone el equipo. Explicado así, el sistema ope rativo no abarca todas las herramientas que esperamos encontrar cuando lo instalamos en nuestro PC.

Estamos acostumbrados a esperar que un sistema operativo (como los denostados WINDOWS de Microsoft) incluya otras herramientas: un procesador de textos sencillo, un visualizador de imágenes, un explorador de archivos, etc., integrados, además, en una aplicación gráfica (lo que denominamos comúnmente un escritorio) que permite la interacción del usuario con el ordenador de manera sencilla, ratón mediante. Sin embargo, dichas herramientas son complementarias.

El sistema operativo como tal se denominaría NÚCLEO. Una buena (reconozcámoslo, muy buena, genial) estrategia de marketing y publicidad por parte de Microsoft, hizo que en los años 90, a ojos del usuario inexperto, Windows fuera, no un sistema operativo, sino el sistema operativo. La ecuación era sencilla: me he comprado un ordenador, tengo que instalar unos programas para trabajar o jugar, y para que esos programas funcionen, el ordenador debe tener instalado el sistema operativo Windows (el 3.1 al principio, el 95 de infausto recuerdo después, algo mejorado por el 98, hasta llegar a XP; a partir de ahí, los redactores de este artículo hemos perdido la pista a las hazañas de Microsoft, porque descubrimos el mundo del software libre; eso sí, aún nos estamos riendo del fiasco Windows Vista). Hoy en día, aunque de un modo desespera temente lento, el usuario medio va asimilando que en realidad, no estamos hablando de una elección obligada, y que existen múltiples opciones alternativas.

Volviendo un poco a la perspectiva del usuario inexperto, de todos modos, es normal esperar que aparte de dicho núcleo, se instalen de modo complementario otras herramientas, juzgadas imprescindibles por el aficionado novato. Por ello, en el mundo de GNU/Linux, se habla de DISTRIBUCIONES o SABORES: conjunto de programas complementarios al núcleo de Linux, que suelen incluir, como mínimo, un sistema de escritorio que suponga una interfaz gráfica; un procesador de textos, un explorador de archivos, y un programa navegador de Internet. También suele ser común incluir una consola o terminal, que permita al usuario más experto un trabajo a más bajo nivel con el ordenador, así como algún sistema de ayuda y/o documentación con toda la información relativa al software incluido.

¿DE DÓNDE PROVIENE GNU/LINUX?

Efectivamente. Una duda común a todos los aficionados que se inician en este mundo da vueltas al origen de esta forma de software.

¿Software libre siempre quiere decir gratis? ¿Puede haber profesionales que se dediquen a esto sin retribución alguna? ¿De qué viven entonces? ¿O quizás estamos hablando del nada confiable trabajo de simples aficionados que juegan a emular las hazañas de sus idolatrados programadores, hordas de freaks con acné, gafas de pasta arregladas con esparadrapo, y poseedores de títulos como mago elfo de nivel 15?
Respiremos. Empecemos por el principio. Y eso implica hablar forzosamente de Unix, por un lado, y de Richard Stallman, por el otro. En los años sesenta, setenta y ochenta, los primeros ordenadores no estaban, desde luego, diseñados para su uso por parte de gente que no fuera un programador experto. Eran prototipos carísimos, enmarcados en experimentos de Universidades y proyectos de I+D de grandes multinacionales, que si bien representan un porcentaje infinitesimal de la potencia de computación de nuestros equipos actuales, suponían un paso de gigante en el progreso de las Tecnologías de la Información (concepto que ni siquiera existía como tal).

Había un mismo equipo para decenas de programadores y trabajadores, cada uno de los cuales trabajaba con su propia cuenta de usuario, introducía su contraseña, trabajaba con sus datos, y cerraba su sesión, cediéndole su turno al siguiente investigador. Faltaban aún muchos años para concebir siquiera que pudiera haber un ordenador doméstico a disposición de un usuario con pocos conoci mientos informáticos en su propio hogar.
En este marco brilló con luz propia el sistema operativo Unix, que cobró rápidamente prestigio de ser un sistema estable. Nacido originariamente en el seno de los Laboratorios Bell de AT&T y General Electric, se define como un sistema operativo portable (se puede ejecutar en múltiples plataformas), multiusuario y multitarea.
Es de base comercial, es decir, se considera como software de pago. Sin embargo, los sistemas operativos con base GNU/Linux, base de este artículo, imitan (clonan) el comportamiento de este sistema, y en un principio, no se exige remuneración económica. ¿Cómo he mos llegado a esta situación?. Sigamos nuestro repaso histórico...
Stallman trabajaba en el MIT (Masachussets Institute Technology) como programador en el Laboratorio de Inteligencia Artificial, ya en el primer año de sus estudios de Físicas. En aquellos tiempos, el software era libre de origen, es decir, se compartía por sistema to da la información. La constante presión de la cultura comercial, sin embargo, erosionó esta concepción hasta el punto de que algunos compañeros de Stallman fundaron su propia compañía, Symbolics, al objeto de ir sustituyendo el software libre utilizado por el Labo-
ratorio por sus propios productos comerciales (esto es, de pago).

Stallman se opuso todo lo que pudo, pero acabó quedándose solo. Como reacción, en 1983, inició el movimiento GNU.


GNU es el acróstico de GNU is Not Unix, en un juego de palabras, todavía no sabríamos decir si intraducible, o simplemente un sinsentido que trata de ser humorístico. El objetivo básico de dicho proyecto consiste en conseguir un sistema operativo total mente libre. Para ello, en un alarde de energía y mostrando una voluntad de trabajo titánica, se dedicó, con ayuda de quien quiso colaborar, a reescribir en lenguaje C varias herramientas que repiten las funciones del sistema operativo UNIX. Actualmente destacan, entre dichas herramientas, el compilador para lenguaje C gcc, el terminal de consola BASH, el procesador de textos Emacs o el famoso GIMP.

Pero con todo ello, entre todas estas herramientas que puede incluir el sistema operativo libre con el que soñaba Stallman, seguía faltando un núcleo, un kernel que se encargara de la comunicación entre software y hardware del ordenador. Ahí es donde entra Linus Torvalds.


Estudiante finlandés de 22 años, Torvalds estaba muy interesado en el por entonces reciente sistema operativo Minix, de Andrew Tannenbaum, de tipo comercial y con propósitos didácticos. Como parte de sus estudios, se inspiró en dichas ideas para desarrollar un núcleo desarrollado en lenguaje C, que en su primera versión, en 1991, podía ejecutar el terminal de consola BASH y el compilador GCC.

Sólo faltaba el paso definitivo, dado en 1992.

Torvalds adoptaba para su trabajo una licencia GPL (General Public License), encuadrada en el movimiento GNU, por la que se otorgan derechos de libre modificación, redistribución, copia y uso ilimitados para todos los usuarios.


No hace falta extenderse mucho más para que el lector deduzca por su cuenta que ambos proyectos se complementaban en un sistema operativo acorde con la filosofía del software libre. Había nacido GNU/Linux

Como ya se ha mencionado antes, una distribución o sabor es el conjunto del núcleo o kernel Linux con varias herramientas com plementarias GNU. Por lo tanto, y aunque muchos lectores expertos pueden no estar de acuerdo con esta idea, nos atrevemos a afirmar que para el usuario medio o incluso experto, acabaría siendo indi erente la distribución con la que se empezara a trabajar: al final, seguirá utilizando como base el mismo kernel, y reunirá, entre las herramientas con las que viene la propia distribución, y las que con siga a través de los repositorios o de la red, el conjunto de aplicaciones informáticas con las que realmente necesite trabajar.

Así, por ejemplo, podemos empezar con una distro (distribución) Ubuntu, que popularmente se concibe como una de las más amigables para el no iniciado, y que incorpora por defecto un escritorio Gnome, y cambiarlo por el más espectacular y agradable a la vista KDE. Si no nos gusta el navegador Firefox que incorpore, podemos cambiar o por Opera, Chrome,... las posibilidades son infinitas.


En los próximos apartados, trataremos de hacer un repaso de las características comunes a todas las distribuciones con base GNU/ Linux, a efectos de proporcionar una base teórica con la que el nuevo aficionado pueda sentirse más seguro en su viaje por nuestro mundo. Empezaremos con la preparación del disco duro, su forma de organizar los archivos, los tipos de usuario y los correspondien tes permisos de lectura/escritura, y a continuación pasaremos a analizar los dos escritorios más populares (al menos para nosotros):


KDE y GNOME. Analizaremos el sistema de instalación de aplicaciones en el S.O. en base a los repositorios, para terminar echando una ojeada sobre el terminal BASH (uno de los más populares), que suele ser la bestia negra que distinguirá al usuario noob (novato) del que realmente empieza a avanzar como linuxero.

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